lunes, 24 de mayo de 2010

Dicen que es la interacción más importante de la vida





Para muchos psicólogos, la interacción fraternal es la más importante de nuestra biografía. Los padres suelen morir antes que sus hijos; el matrimonio puede terminar en divorcio y los amigos son propensos a la decepción, al olvido y al recambio. Sin embargo, los hermanos permanecen unidos tras la muerte de los progenitores y por encima de las desgracias familiares. No sólo eso si no que esas personas con las que compartimos sangre y, durante muchos años, hogar son nuestros primeros educadores, amigos, enemigos, jefes y subordinados.

Según la psicóloga española Carmen Costi "la rivalidad fraternal es natural y, casi siempre, positiva. Al tener que compartir escenario con alguien de edad similar a la nuestra, aprendemos a negociar, a repartir, a resolver problemas, a defender el territorio y a autocontrolarnos".

En ese sentido, el psicólogo argentino Horacio Belinco señala que "es importante tener en cuenta que la positividad del conflicto depende no solamente de la relación entre los hermanos sino de cómo es la constelación familiar, de cuáles son los deseos de cada padre y de lo que los padres depositan en cada hijo".


El complejo de edipo no lo esxplica todo


Estos y otros motivos han hecho que el estudio de las interacciones dentro de la fratía haya ganado importancia entre los psicólogos, quienes desde que Freud articulo por primera vez el conocido complejo de edipo, habían preferido siempre el análisis de los vínculos entre padres e hijos. " Estamos en pleno desarrollo de una nueva metodología científica dentro del estudio de la conducta humana, que nos permite desmenuzar la vieja idea de rivalidad entre hermanos en terminos más eficaces y abrir la puerta a novedosas formas de conocimiento y de terapia", asegura Carmen Costi.

Pero, ¿Qué es lo que está descubriendo la ciencia del comportamiento sobre estos lazos tan especiales? Existe un relativo consenso entre los psiquiatras y los psicologos evolutivos al afirmar que la relacion fraternal es complicada, fluida y dependiente de múltiples factores. El trato de los padres, la herencia genética, los acontecimientos biográficos, el sexo, los patrones culturales y generacinales y las experiencias externas a la familia contribuyen al éxito o al fracaso de las delicadas relacines entre hermanos. Para comprender un poco mejor cómo pueden estos factores afectar a la personalidad de cada individuo, los psicólogos han empezado a indagar en el comportamiento de los chicos dentro de la familia y así sentar las bases de un nuevo conocimiento de las conductas adultas.

La psicóloga britanica Judy Dunn es una de las pioneras en este terreno. Gracias a sus estudios de dinámica familiar, se ha descubierto que desde la tierna edad de un año los niños responden a las disputas entre sus hermanos y son capaces de tomar partido emocional por uno o por otro. Ya en sus primeros doce meses de vida, el chico se ve profundamente afectado por la relacion de su madre frente al resto de sus hijos.

"Los niños -escribe Dunn- están socialmente mucho más desarrollados de lo que se creía. Un chico de entre 15 y 17 meses vigila como un halcón todo lo que ocurre entre sus padres y hermanos"

Por eso en su segundo año de vida ya sabemos cómo confrontar, herir o molestar a los demás; entendemos las normas familiares, distinguimos entre las transgresiones y las simples diferencias y anticipamos las respuestas de los adultos ante nuestros actos.

lunes, 17 de mayo de 2010


Caín y Abel. Es curioso el mito más estudiado, el que mejor ha representado la relacion entre hermanos a lo largo de toda la historia, sea el de estos dos personajes bíblicos que termino en tragedia. Desde que se perpetró aquel primer fratricidio, el hacha no ha dejado de caer simbolicamente sobre la cabeza de algún hermano. Y es que los celos la confusa mezcla de amor y odio, el deseo de monopolizar la atención de los padres y la envidia suelen terminar convirtiendo la afectibilidad en el seno familiar en una custion de rivalidad.
Ahora, la ciencia comienza a ahondar en esas difíliles relaciones consanguineas y a descubrir que de ellas depende buena parte de nuestro comportamiento, nuestra integración social y, en algunos casos, nuestra salud mental.